Porta
Pía, en honor a una campeona
Fue tal mi dicha al ganar con Porta Pía ese
imborrable Ensayo ´91, que al año siguiente,
y en gratitud a la campeona que le entregó el más
valioso de los triunfos a mi stud Don Cotto, nacía
en Calera de Tango el proyecto del haras que llevaría
su nombre.
Su partida a Norteamérica, apenas ganado el gran
clásico, fue para mí motivo de una gran pena,
pero también de una tremenda alegría, al saber
que una yegua de esa calidad defendería el prestigio
de Chile en el exterior, sensación que aceleró
aún más mis planes de formar un haras, con
el principal objetivo de criar para mí, ojalá
una futura Porta Pía.
Corría el año 1992 cuando The
Great Shark, un reproductor probado, que no le perdía
paso en la estadística al gran Roy, permitió
que sus últimas generaciones provenientes de Haras
María Pinto terminaran de criarse en Porta Pía,
con frutos inmediatos, que nos inyectaron aún más
fuerza para finalizar el proyecto. clásicos de Grupo
en arena y césped, hasta consolidar al haras en uno
de los cinco principales del país.
El regreso a Chile de Porta Pía
motivó doblemente al equipo humano del criadero,
que veía con admiración como se transformaba
en la líder natural del plantel de yeguas. Verla
galopar por el campo era el símbolo viviente de un
haras en formación.
Una alegría tras otra de las primeras
camadas nacidas y criadas en Porta Pía nos
dieron el respaldo suficiente para sentirnos criadores,
cerrando así un primer capítulo de formación,
pensando en el siguiente, donde venía, sin dudas,
lo más difícil, la consolidación.
CAMBIO DE SIGLO
Muchas veces junto a mi esposa e hijos visitamos
el sur de Chile, con la idea de encontrar un lugar que nos
permitiera compartir en familia la pasión por los
caballos. Cuando creímos haber perdido la esperanza
de encontrarlo, descubrimos las bondades y belleza del Fundo
Santa María, allá por octubre de 1998.
A treinta kilómetros de la ciudad de Valdivia, y
con una escenografía natural idílica, esas
380 hectáreas eran nuestro sueño hecho realidad.
Su clima de excepción y suelos de gran riqueza nutritiva,
abrían el tan esperado capítulo II del nuevo
Porta Pía, que de a poco fuimos trasladando
desde la zona central.
No fue tarea de una o dos temporadas. El
desafío duró cinco años, ya que hubo
que ambientar al nuevo habitat, primero a las crías
de año, luego las de meses, enseguida el plantel
de vientres y finalmente los potros.
Ha pasado lo más difícil y el comienzo del
nuevo siglo nos dejó el mensaje de que era sólo
cosa de tiempo, el mismo que requería el equipo humano
para aprender a conjugar lo rústico y lo bello del
entorno con la tecnología de punta, que hoy queda
en evidencia al ver como un 60 por ciento del campo cuenta
con un sistema de riego por aspersión, dando la plena
seguridad de que en épocas de sequías, aunque
se trate de una zona lluviosa, las praderas no se verán
afectadas.
Internándonos de lleno en este santuario
de la naturaleza, apreciamos como los verdes suelos, ubicados
al borde de dos ríos colindantes en toda su extensión,
están protegidos por bosques naturales, produciendo
un microclima que reduce considerablemente los riesgos de
enfermedades propias de la crianza.
Observo desde la altura y siento que
ha llegado el momento para que Haras Porta Pía
pueda criar al gran campeón
Observo desde la
altura y doy gracias a Dios por permitirme gozar de este
lugar maravilloso junto a lo que más quiero en la
vida, mi familia.